Todo empezó después de que Tincho terminó su carrera universitaria, allá, por el 2011. En ese entonces ambos pensábamos en la idea de viajar para trabajar temporalmente fuera de Argentina, queríamos vivir la experiencia. Hacía poco tiempo que estábamos de novios, pero eso no importaba demasiado. Somos muy diferentes en muchas cosas, pero compartimos la misma pasión por viajar y queríamos hacerlo juntos. Martin esperaría hasta que yo terminase mi carrera universitaria y ahí veríamos qué hacer.

Me recibí en el 2015. En ese momento, él ya estaba convencido de volver a estudiar, no una carrera de grado, sino un MBA. Una inversión grande de tiempo, dinero y esfuerzo que hicieron que decidamos postergar el asunto del viaje. Por supuesto, lo apoyé en su decisión. Mientras tanto, empezamos a vivir juntos y seguimos con nuestros trabajos. Nuestro objetivo era tratar de que nuestros ahorros aumenten y aprovechar nuestras vacaciones y feriados para hacer algunos viajes cortos.

Hasta ese momento, todo estaba en algún lugar de nuestras cabezas. Viajábamos cada vez que podíamos y cada vez con más frecuencia. Lejos, cerca, por Argentina y por otros países. Tratábamos de estirar nuestros días de vacaciones lo más que podíamos. Aprovechábamos feriados, fines de semana largos y hasta nos pedimos días sin goce de sueldo. Cambiábamos millas, puntos de tarjetas y estábamos atentos a cuanta promoción existiera. La lista de lugares que queríamos conocer era cada vez más larga, pero tener entre quince y veinticinco días por año para hacer esos viajes, se convertía en una molestia bastante grande.

Por mi parte, empecé a tener ganas de cambiar de trabajo. Sentía que había cumplido un ciclo y que quería hacer algo diferente, pero no tenía muy en claro qué. Tincho estaba enfocando todas sus energías hacia el estudio. Sin embargo, cada vez se repetía más el tema de los viajes en nuestras conversaciones. Los viajes que deseábamos hacer, cuánto tiempo le dedicaríamos a cada uno, de qué forma deseábamos hacerlo o en qué época del año.

Un día empezamos a hablar de este sueño. Se nos ocurrió la idea de hacer un viaje un poquito más largo de lo que acostumbrábamos. Pensamos que, al finalizar el master de Martin, tomarnos un tiempo para viajar nos iba a venir bien. Entonces aquella idea de irnos a trabajar al exterior cambió y se convirtió en querer conocer lugares de nuestras listas. Empezamos a pensar en la idea de hacer un viaje de 3 o 4 meses durante el 2018. Según pensábamos, nos alcanzarían para recorrer algunos puntos del Sudeste Asiático y otros de Europa. (No, claro que no nos alcanzaría).

La primera lista de lugares que queríamos visitar en este viaje, era más corta de lo que es hoy. De todas maneras, era muy larga para cumplirla en tres meses. Más aún, teniendo en cuenta cómo nos gusta recorrer los lugares a nosotros, en profundidad.

Leímos cientos de blogs, leímos cuanta guía de viaje conseguimos, leímos foros y libros sobre viajes. Hablamos con amigos que habían viajado a los mismos lugares y también con desconocidos. Empezamos a conocer historias inspiradoras y cada vez teníamos más información en nuestra mente. Así nos dimos cuenta que eso que tanto dicen podía ser verdad. Si viajábamos más lento, conseguiríamos mejores precios, no estaríamos todos los días de acá para allá, no tendríamos pretensiones de días y horarios para conseguir transportes u hospedajes, y hasta podríamos estudiar y trabajar en el camino. Nos dimos cuenta de que el viaje podría durar más, incluso podría transformarse en esa forma de vida que tanto soñamos, la de vivir viajando. De esta manera decidimos que el viaje iba a durar lo que duren los ahorros.

Con el tiempo, empezamos a pensar cada vez más en el viaje. Se convirtió en nuestra prioridad número uno. Hicimos mil listas: listas de lugares que queríamos conocer, lista de países, de ciudades, de templos, de playas. Hicimos listas de trámites que había que hacer antes de irnos, lista de “equipamiento” o cosas que necesitábamos para llevarnos al viaje, y muchas más. Ahora lo pienso y creo que hacer listas, era la forma que encontramos de empezar a materializar el viaje.

De a poco le dimos forma y tomamos las primeras decisiones. Empezar nuestro viaje en India y Nepal (así, sin anestesia). Seguir por el Sudeste Asiático tratando de recorrer lo más posible. Luego ir a Europa, a donde sí o sí, queríamos llegar en verano.

El 19 de junio de 2017 sacamos los pasajes. Nuestra única certeza era que el 2 de enero de 2018 nos subiríamos a un avión en Ezeiza hacia Ámsterdam. Allí, haríamos una pequeña escala para tomar el avión que nos dejaría en nuestro primer destino: Delhi, India. Todo lo demás, lo iríamos construyendo en el camino.

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