Llenar diarios de viajes dejando por escrito el camino que vamos recorriendo, es una actividad típica de muchos viajeros. Pegamos recuerdos, tarjetas de embarque, entradas a templos y museos. Sacar fotos y escribir diarios son formas de inmortalizar nuestras experiencias de viaje. Sin embargo, empezar a compartir con otros esas experiencias va más allá de contar qué hicimos, a dónde fuimos o cuanto nos costó el boleto de tren. Crear un blog es estar dispuesto a abrirse a quien quiera leerte, es contar nuestros sentimientos y emociones. Es saber que va a haber mucha gente que va a viajar con nosotros a través de nuestros relatos. Tal vez, algunos se emocionarán o se animarán a viajar, como nos animamos nosotros. Pero también, es estar dispuesto a recibir críticas constructivas y cuestionamientos de personas que no compartan nuestra forma de vida o nuestras ideas, o que quizás no las entiendan.

Santa Monica
Atardecer en Santa Monica, California

Cuando decidimos hacer este viaje nadamos entre dudas, miedos y cientos de preguntas que nos daban vuelta en la cabeza. Más aún, cuando empezamos a pensar en la posibilidad de crear un blog. Para nosotros, era muy importante tratar de encontrar las respuestas a esas preguntas. La pregunta principal y disparadora fue “¿Por qué viajamos?”. Una pregunta que puede resultar muy sencilla pero que a nosotros no nos es tan simple responder. Tardamos un tiempo, pero la respuesta es lo que nos impulsó a animarnos. Nos llevó a dejar nuestros trabajos estables, seguros y llenos de promesas, a dejar la comodidad de nuestra casa y alejarnos de las personas que más queremos. Nos impulsó a trabajar en este proyecto, algo totalmente nuevo y desafiante.

A muchas personas les gusta viajar porque para ellos, hacerlo significa descansar, tomarse vacaciones de sus trabajos y sus rutinas. A otras les gusta viajar para conocer lugares diferentes a las ciudades donde viven. Por ejemplo, a alguien que vive en la montaña quizás le gusta viajar a una playa.

El aprendizaje es una de las razones principales por las que nosotros amamos viajar. Viajando aprendemos mucho, todos los días.

Viajar nos enseña a ser más perceptivos y tolerantes. Hace que cada vez eliminemos más prejuicios y que muchos nunca nazcan. Viajar nos enseña a respetar y, aunque a veces sea muy difícil, también a comprender. Hace que construyamos opiniones en base a nuestras propias experiencias y que creamos en ellas como unas más, entre tantas otras, igual de aceptables, igual de válidas.

Viajar nos enseña que debemos ser optimistas y a hacer mucha fuerza para atraer cosas buenas.  Aunque el cansancio y las diferencias a veces nos lo pongan difícil, viajar hace que cada vez más, nos quedemos con lo bueno y lindo de cada situación. A veces esto es el resultado de un proceso que se da días, semanas o incluso meses posteriores al viaje. Pero, a fin de cuentas, la experiencia de viajar es completamente positiva. Viajar nos hace adaptables a cambios, situaciones, compañías, espacios, climas y sabores.

London bridge
La tipica foto en el London Bridge

Viajar nos enseña a cerrar etapas y dejar ir. Viajar nos hace cada vez más tranquilos, hace que nos tomemos las cosas de otra manera, que de a poco nos estresemos un poco menos, que de a poco seamos menos ansiosos.

Viajar nos enseña acerca de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente. Nos muestra el daño enorme que el turismo puede hacer si no se viaja de manera responsable y consciente.

Viajar nos saca de la rutina. Pero no solo de la rutina que solemos relacionar a un trabajo, sino de la rutina del día a día. Viajar nos saca de lo cómodo, lo conocido, lo que repetimos una y otra vez sin saber el por qué. Viajar nos saca de lo que ya aceptamos, nos saca de nuestra zona de confort y nos pone a prueba. Viajando uno siente que le pasan muchas más cosas que estando quieto, pero en verdad, creemos que viajando uno está más atento, permeable y percibe más todo lo que pasa en su vida y a su alrededor. Cada día viajando, son cientos de cosas que procesar cada noche.

Big Sur
Ruta 1, Big Sur – California

Viajar nos muestra realidades. Realidades similares a las nuestras (incluso algunas a miles de kilómetros), realidades diferentes, realidades hermosas y realidades muy tristes. Viajar nos llena de información, de experiencias y de energía, de esa que se siente positiva. Viajar nos hace conocer lo más maravilloso y mágico del mundo. Lo más natural y la inmensa cantidad de creaciones humanas. Lo más triste y duro, pero también la felicidad plena. Nos muestra lo simple y sencillo, pero también lo complejo e inentendible. Viajar nos hace conocer niveles impensados de organización y de caos (muchas veces conviviendo en un mismo lugar).

Viajar nos enseña a socializar. Algo que a veces lo damos por aprendido y viajando nos damos cuenta que es necesario ejercitarlo. Viajar nos ayuda a conocer a muchas personas y nos presenta a nuevos amigos. Sin embargo, a veces, nos hace ser más introspectivos. Viajar nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, a descubrirnos, a aceptarnos, a querernos más. A ser consciente de todos nuestros defectos, de todo lo que tenemos que mejorar, de que podemos ser mejores personas. Nos ayuda también a reinventarnos, a descubrir nuestras fortalezas, a ser creativos. Nos ayuda a creer que podemos lograr lo que deseamos y a ir a por ello.

Disfrutando Playa del Carmen

Viajar nos hace extrañar, nos ayuda a no olvidar y a valorar.

Viajamos en busca de mares y de atardeceres, de sabores y de idiomas. Viajamos en busca de historias. Viajar nos nutre, nos enriquece, nos conecta con lugares, con personas, con culturas, con religiones, con la naturaleza y, sobre todo, con nosotros mismos.