India es, probablemente, uno de los países asiáticos que más sensaciones genera a quienes venimos de la “cultura occidental”. Tal vez nos llama la atención por lo numeroso de su población o por la importancia de sus religiones. Quizás por sus colores, por su Taj Mahal y sus miles de maravillosas construcciones. Posiblemente, por su pobreza o por las costumbres familiares que llegan a nuestros oídos. Al principio, viajar a India puede darnos miedo, podemos estar llenos de prejuicios y también de idealizaciones (como yo). Por eso, con este post, quiero compartir nuestra experiencia. Contarles cómo organizamos el viaje, cuáles eran nuestros prejuicios, compartir información útil, nuestra ruta y los cambios del camino.

No recuerdo cuándo, ni cómo surgió mi deseo de viajar a India. Fue hace mucho. Como todo, una vez que la idea se metió en mi cabeza, casi que se convirtió en una obsesión. Empecé a leer sobre India, sobre viajar a India, sobre vivir en India. Si bien hasta ese punto no llegaba mi deseo, quería saberlo todo. Siempre pensé en mi viaje a India como unas vacaciones, un viaje de unos veinte días en los que visitaría algunos puntos del país. Posiblemente con un tour organizado, aunque nunca antes lo hubiera hecho.  Mis miedos y prejuicios no permitían imaginarme otro tipo de viaje por ese país.

Pero el viaje a India apareció en el momento justo. Apareció en ese momento en el que los prejuicios se toman un descanso. Apareció justo cuando con Martín estábamos soñando algo grande, y cuando uno sueña algo grande, los miedos desaparecen. India entró en los planes de nuestro primer viaje largo e indefinido como entra una última pieza de un rompecabezas de mil piezas. India entró en nuestros planes, en cuanto nos dimos cuenta que era posible hacerlo, que renunciar y salir de viaje no era una utopía o un sueño para pocos. Era nuestro sueño y podíamos hacerlo realidad.

Cuando empezamos con la organización del viaje y los pensamientos en frio, cientos de dudas y miedos empezaron a surgir. Mi obsesión con la limpieza e higiene de ese entonces, hacía que me preocupara bastante. Además, nunca habíamos hecho un viaje a un lugar con costumbres tan diferentes a las nuestras y éste, sería nuestro primer viaje al continente asiático.

Cuando les dije que leí mucho sobre India, no mentía. Leí guías de las más famosas, leí páginas de turismo y mil blogs de viajeros. Vi programas de televisión que mostraban como era viajar por India, vi películas sobre India y vi películas indias. Hoy puedo decir que mucho de lo que leí me ayudo, pero, hay que saber cuándo parar de leer. El exceso de información a veces puede no ayudarnos tanto. Por esta razón, yo recomiendo ir informados pero tranquilos.

La primera decisión que tomamos fue que el recorrido por India y Nepal, duraría aproximadamente un mes y medio. Sería el comienzo del viaje y lo organizaríamos todo desde Buenos Aires. Nos habían dicho que en India las cosas nunca salen como lo planeas, y aunque la advertencia sea un poco exagerada, no queríamos dejar nada al azar.

Decidimos que nuestro viaje largo empezaría por India y Nepal por una cuestión de clima (tanto de India como de los destinos que seguían) y un poco también por logística.

Luego, una vez que empezamos a recibir opiniones no muy alentadoras, pensamos en organizar esa primera parte del viaje con un agente de viajes experimentado. Alguien que nos reserve hospedaje y transportes internos desde Argentina, incluso algunas excursiones. Pensamos en la opción de irnos tranquilos, con un paquete armado. No es una mala idea y no tenemos nada en contra de ese tipo de viajes, pero desistimos. Por esos días, contactamos a alguien de confianza para que nos ayude. Al recibir la propuesta confirmamos algunas cosas:

  • Estamos demasiado acostumbrados a organizar nuestros viajes nosotros mismos. Por eso muchas veces lo que nos proponen no nos gusta, no nos convence o lo haríamos diferente.
  • SIEMPRE un paquete cerrado es mucho más caro que organizarlo por tu cuenta.
  • Sabemos que el exceso de información y medios que hoy nos ofrece internet puede marearnos un poco o llegar a ser peligroso a la hora de contratar ciertos servicios para un viaje. Sin embargo, entendimos que ya tenemos bastante experiencia en el asunto y que sabemos a qué plataformas acudir (y si no estamos totalmente seguros, sabemos dónde sacarnos esas dudas).
  • Sumado a esto, ni organizar un viaje con la mejor agencia de viajes te asegura no tener imprevistos. Además, qué mejor que, en caso de un imprevisto, poder resolverlo uno mismo.
  • Nos dimos cuenta que, a pesar de las discusiones que esta tarea provoca, nos encanta la etapa de investigación, análisis y planificación del viaje.
  • No nos gusta que alguien más que nosotros, decida a qué hora o en qué momento hacer una u otra actividad, o de qué forma movernos, o cuánto tiempo permanecer en un mismo sitio.

Así, nos convencimos de armar el recorrido nosotros mismos, investigando y usando las plataformas en las que más confiamos.